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domingo, 15 de noviembre de 2020

Buscando restos arqueológicos en las trincheras de la Guerra Civil

Os traigo hoy las fotos de nuestro último paseo en familia por la naturaleza. Pero esta vez, más que naturaleza, lo que buscábamos era un poco de historia. El lugar, un pinar de Getafe en el entorno de La Marañosa. Y el objetivo del paseo, encontrar vestigios de las trincheras y, con suerte, restos arqueológicos de uno de los capítulos más conocidos de la Guerra Civil española: el asedio de Madrid. Tras el levantamiento militar del 18 de julio, cuya rebelión fracasa en la captial en los primeros días, gracias a episodios como el asalto republicano al Cuartel de la Montaña, o la defensa de la Ciudad Universitaria, las tropas nacionales no logran hacerse con la ciudad. Así, ésta queda bajo control gubernamental, comenzando una resistencia numantina que a la postre se prolongará durante casi dos años y medio. 

Las imágenes del Madrid sitiado, con bombardeos sobre la ciudad y la población civil (los primeros de la historia), las batallas entre ambos bandos como la batalla de Madrid o la batalla del Jarama, o las trincheras en los suburbios de la propia ciudad para defenderla de los rebeldes, circularán por la prensa de todo el mundo que centrará sus ojos en España.

Bombardeos en el centro de Madrid

Trincheras en la ciudad

Población civil refugiándose de los bombardeos en los túneles del Metro

Trincheras en Ciudad Universitaria

 

El largo asedio de Madrid se prolongará desde noviembre de 1936 hasta la final rendición el 18 de marzo de 1939. Durante estos más de dos años, el frente se estabilizó, y salvo pequeñas conquistas y reconquistas de territorio, ambos bandos estuvieron enfrentados en una línea que, en la parte suroeste y sur de Madrid, coincidía aproximadamente con el cauce de los ríos Manzanares y Jarama, que sirvieron de defensa natural de la ciudad. El bando republicano excavó trincheras, construyo bunkers y apostó nidos de ametralladoras en el margen izquierdo del río, mientras que los nacionales hicieron lo propio en el márgen derecho. Éstos últimos aprovecharon la situación ventajosa de los cerros de La Marañosa para ubicar aquí sus defensas. 

Y por una de estas zonas es por la que fuimos a pasear y a buscar restos de la guerra, que no tardamos en localizar. Las primeras trincheras que encontramos se aprecian perfectamente en esta primera foto, cubiertas por la pinaza. Y buscando un poco más, enseguida localizamos más trincheras.

Trincheras en La Marañosa

 


Restos de trinchera

 

Y en torno a ellas, enseguida empezamos a ver los restos arqueológicos que íbamos buscando. Se trata fundamentalmente de restos de latas de conserva que los soldados abandonaron en el lugar. Hay latas de todo tipo, como podéis ver en estas fotos.

 






 
En las trincheras comiendo el rancho

Se aprecia también cómo el paso del tiempo y los agentes naturales han ido haciendo mella en ellas. Son más de 80 años los que han pasado desde que aquellos soldados abrieron estas latas para tomar su rancho.

Entre todas las que encontré, dos me llamaron especialmente la atención. Esta, con la inscripción "España" en la parte posterior, que me lleva a pensar en lo bien pertrechadas que estaban las tropas nacionales. Su material bélico y también la comida de sus soldados era profesional. No olvidemos que el ejército fue en esencia quien provocó el golpe de estado y quienes se rebelaron contra el orden democráticamente establecido.


Y también esta, que encontré boca abajo, y al darle la vuelta descubrí que tenía todavía el abridor enganchado a la tapa. Pienso en ese soldado que hace más de ocho décadas la tuvo en sus manos, girando el abridor para enrollar la tapa. Se comió su contenido, tiró la lata, y quién sabe lo que pasaría después con su vida. ¿Moriría en alguna de las batallas contra las tropas republicanas, igual que perecieron miles de soldados de ambos bandos? ¿Lograría sobrevivir y entrar en la Madrid cuando ésta finalmente capituló?




 

También hay otros restos metálicos, seguramente de material bélico. Esta plancha de acero, por ejemplo, podría ser parte de una defensa de ametralladora o parapeto similar.

 



 

Todo este material se encuentra fácilmente, sin excavar ni remover nada, simplemente apartando un poco las agujas de pino que lo cubren. Lo que hace pensar que a poco que se realice alguna excavación arqueológica, el material que puede salir a la luz será mucho más. Pero son tantas las trincheras y vestigios bélicos que han quedado en torno a Madrid, que sólo algunos pueden ser excavados y estudiados. Se necesitaría un gran presupuesto para poder trabajar todos los emplazamientos que están localizados. Una pena, ya que poco a poco este patrimonio se va deteriorando.

Justo en estas mismas trincheras por las estuvimos, tuvo lugar un episodio bien documentado de ataque republicado sobre las posiciones nacionales para intentar arrebatarles el terreno. En la interesantísima web del Parque Lineal del Manzanares podéis encontrar detallada información sobre este episodio, así como de otros importantes hitos y batallas de la Guerra Civil en esta zona: http://www.parquelineal.es/historia/guerra-civil/la-batalla-del-jarama/ataque-la-maranosa-coberteras-vaciamadrid/


 

Y no quiero cerrar este artículo sin acordarme de mis abuelos. Primero de mi abuelo materno, Santos, que fue reclutado por las tropas nacionales y estuvo comabiendo no muy lejos de aquí, en la zona de Navalcarnero y El Escorial. Por suerte para él, fue de los que logró sobrevivir a esta larga y cruenta guerra. Sé que pasó mucho miedo, y que apartado de su tierra, de su familia y de sus seres queridos, pensó muchas veces en que su vida acabaría en estas lejanas tierras del centro peninsular. Quizás su función de tahonero para las tropas le sirvió en algunas ocasiones para no tener que estar en primera línea, y poder así salvar su vida.

Y también otro recuerdo para mi abuelo paterno, Enrique, quien cuando las tropas sublevadas se hicieron con el control de la comarca de Ribadeo, fue acusado de rojo y de conspirar contra el alcalde. Es la famosa "caza de brujas", en la que muchos aprovecharon para saldar rencillas, envidias o problemas personales, acusándoles de cualquier cosa. Pasó tres meses encarcelado, y su vida estuvo en el aire ante la posibilidad de que en cualquier momento se lo llevasen a uno de los famosos "paseos". Finalmente fue el propio alcalde quien sacó la cara por él y fue liberado, lo que le salvó la vida.

Así pues, mis dos abuelos sobrevivieron a la guerra, por suerte para mí, que de otro modo no habría nacido. Y en consecuencia también para la pequeña Sara, quien ahora puede pasear por estos mismos lugares en donde la cruenta guerra tuvo lugar.



Saludos y hasta la próxima.

 

Imágenes y texto bajo licencia Creative Commons

Enrique Sampedro Miranda

Blog Ría de Ribadeo: www.riaderibadeo.com


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