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martes, 7 de mayo de 2013

Monfragüe y embalse de Arrocampo


La última salida con los amigos y compañeros de la Asociación Elefante Rocoso ha sido al Parque Nacional de Monfragüe. Un año más, y para continuar con una ya larga tradición, el mejor guía posible para estos parajes, nuestro querido Miguel Ángel Granado (Míguel "Monfra"), nos llevó a Monfragüe a disfrutar un par de días de aquellos maravillosos paisajes y de su fauna alada. Este año la novedad fue que, por primera vez para nuestro grupo, hicimos una parada en la reserva ornitológica del embalse de Arrocampo, perteneciente también al Parque Nacional. Y desde luego que la novedad no nos defraudó, sino todo lo contrario, colmó nuestras expectativas con creces, y nos pareció un lugar de visita obligada para futuros años.

Embalse de Arrocampo (Cáceres)


La principal característica de este peculiar embalse es que mantiene un nivel hídrico constante, puesto que sus aguas están destinadas a la refrigeración de la Central Nuclear de Almaraz, estando su nivel, como decía, regulado permanentemente. También tiene una temperatura ligeramente más elevada de lo normal, entre 2 y 5 grados. Estas condiciones son óptimas para la proliferación de diferentes tipos de plancton, que sirven como sustento a una rica cadena trófica, y que, junto con una buena masa de vegetación palustre acompañada de otro tipo de vegetación circundante, permiten que allí se establezcan y críen numerosas especies de aves. Esto lo pudimos comprobar en nuestra visita, en la que observamos una variada representación de las especies típicas del embalse. 

Vegetación palustre


Según habíamos leído, en este lugar se pueden encontrar todas las especies de ardeidas presentes en la península, y este era uno de los alicientes que más nos llamaba la atención. Pronto descubrimos la enorme abundancia de garza imperial (Ardea purpurea) encontrándose en esta época en plena incubación de sus huevos. También vimos un gran número de garcillas bueyeras (Bubulcus ibis), garcetas (Egretta garzetta) y alguna garza real (Ardea cinerea), así como varios martinetes (Nycticorax nycticorax). Pero sin duda la ardeida que más ilusión nos hizo observar, fue un avetorillo (Yxobrichus minutus) que se posó relativamente cerca de nosotros, mientras estábamos en uno de los observatorios.

Garza imperial

Avetorillo


Otra de las especies representativas del humedal es el calamón (Porphyrio porphyrio), cuyo incremento poblacional de los últimos años le ha llevado a dejar de estar considerada una especie amenazada.

Calamón


También disfrutamos con la observación de dos especies de charranes que habitan en Arrocampo. La primera que identificamos fue la más abundante, la pagaza piconegra (Sterna nilotica), de la que había numerosos ejemplares. Pero pasado un tiempo, nos dimos cuenta de que entre ellas había algunos ejemplares de otra especie de un tamaño mucho menor, que resultó ser fumarel cariblanco (Chlidonias hybrida).

Pagaza piconegra


En lo que a otras especies se refiere, la lista que nos llevamos de Arrocampo fue larguísima: ánade friso (Anas strepera), somormujo lavanco (Podiceps cristatus), cigüeña (Ciconia ciconia), cigüeña negra (Ciconia nigra), aguilucho lagunero (Circus aeroginosus), gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus), cogujada (Galerida cristata), ruiseñor bastardo (Cettia cetti), jilguero (Carduelis carduelis) y un largo etcétera.

El grupo en uno de los observatorios


La estancia en el corazón de Monfragüe la hicimos esta vez en el albergue que la Fundación Global Nature tiene en la localidad de Torrejón el Rubio. Tras dejar nuestras cosas en el albergue, la primera visita fue, como no podía ser de otra forma, al Salto del Gitano. Allí estuvimos, junto con una concurrida parroquia de aficionados a la ornitología y turistas, disfrutando de los vuelos de buitres leonados (Gyps fulvus), milanos negros (Milvus migrans), aviones comunes (Delichon urbicon) y roqueros (Ptyonoprognen rupestris), golondrinas dáuricas (Hirundo daurica), etc. Entre los nidos más seguidos por prismáticos y telescopios en la orilla opuesta, Peña Falcón, además de los más numerosos de buitre leonado, destacaban los de dos cigüeñas negras, así como uno de halcón peregrino con pollos. También apareció un ejemplar de águila calzada (Hieraaetus pennatus), mientras los roqueros solitarios (Monticola solitarius) iban y venían posándose de peña en peña.

Salto del Gitano y Peña Falcón

Buitres sobre Peña Falcón


Cigüeña negra

Avión roquero








Águila calzada

Roquero solitario
El final de la jornada lo hicimos con la clásica subida al Castillo de Monfragüe, en donde vimos la puesta de sol, rodeados de un impresionante paisaje y espectaculares vistas.





Al día siguiente, por la mañana la mayor parte del grupo se decidió a hacer una ruta a Cerro Gimio, mientras que alguno quisimos repetir observando aves desde el Salto del Ginato primero, el Puente del Cardenal después, y el observatorio de La Tajadilla por último. En el primer punto, con la luz del sol a favor, pudimos ver mejor los nidos de Peña Falcón, y descubrir otras especies que no habíamos visto el día anterior como el alimoche (Neophron percnopterus). En el Puente del Cardenal las estrellas fueron los aviones comunes y el vencejo real (Apus melba), con el que nos tuvimos que contentar a falta de poder ver al vencejo cafre (Apus caffer). Por su parte, en la Tajadilla, las novedades fueron una oropéndola (Oriolus oriolus) y la presencia de un buitre con la cabeza manchada de sangre tras haber estado devorando alguna carroña. Aunque lo más sorprendente fue la presencia de un zorro (Vulpes vulpes) que se acercó al merendero a buscar comida entre lo que les sobraba a quienes allí estaban, y que mostraba una sorprendente confianza con los humanos.

El Tajo a su paso por el Puente del Cardenal, este año sumergido debido al gran nivel de agua del río

En la parte inferior de la imagen, junto a otro ejemplar, un buitre leonado con la cabeza manchada de sangre

El zorro confiado


Ya por la tarde, la salida del parque la hicimos por el lado del río Tiétar, parando como siempre un buen rato en uno de los lugares estrella, la Portilla del Tiétar. Allí los habituales suelen ser el búho real (Bubo bubo), la cigüeña negra y el águila imperial, entre otros. Sorprendentemente, este año no había nido de búho real, así que nos tendríamos que ir sin ver al "gran duque". Pero quienes no faltaron a su cita fueron la cigüeña negra y el águila imperial ibérica, que junto con un nido de alimoche, fueron el broche de oro para este estupendo viaje a uno de los mejores lugares de Europa para los aficionados a la ornitología.

Alimoche en el nido


Águila imperial ibérica

Cigüeña negra

El río Tiétar y la cara sur de la Sierra de Gredos al fondo


Para finalizar, cuelgo aquí el listado completo de especies que identificamos tanto en Arrocampo como en Monfragüe, con sus nombres en castellano, científico y gallego, como suelo hacer siempre en el blog:

Milano real / Milvus milvus / Miñato real - millafre real
Alimoche / Neophron percnopterus / Voitre branco
Buitre leonado / Gyps fulvus / Voitre leonado
Buitre negro / Aegypius monachus / Voitre negro
Aguilucho lagunero / Circus aeruginosus / Tartaraña das xunqueiras - tartaraña arpella
Ratonero / Buteo buteo / Miñato
Águila imperial ibérica / Aquila adalberti / Aguia imperial
Águila calzada / Hieraaetus pennatus / Aguia calzada
Halcón Peregrino / Falco peregrinus / Falcón peregrino
Gallineta / Gallinula chloropus / Galiña de río - galiñola
Calamón / Porphyrio porphyrio / Camón de Allen
Focha / Fulica atra / Galiñola negra
Gaviota reidora / Chroicocephalus ridibundus / Gaivota chorona
Pagaza piconegra / Sterna nilotica / Carrán de bico curto
Fumarel cariblanco / Chlidonias hybrida / Gaivina de cara branca
Paloma Torcaz / Columba palumbus / Pombo torcaz
Tórtola turca / Streptopelia decaocto / Tórtora turca
Vencejo real / Apus melba / Andoriñón real
Vencejo / Apus apus / Cirrio - vencello
Avión roquero / Ptyonoprognen rupestris / Andoriña dos penedos
Avión común / Delichon urbicon / Andoriña de cu branco
Abejaruco / Merops apiaster / Abellaruco
Abubilla / Upupa epops / Bubela
Cogujada / Galerida cristata / Cotovía cristada - cotovía dos camiños
Golondrina / Hirundo rustica / Andoriña - anduriña
Golondrina dáurica / Hirundo daurica / Andoriña dáurica
Lavandera blanca / Motacilla alba / Lavandeira branca
Tarabilla / Saxicola torquatus / Chasco
Roquero solitario / Monticola solitarius / Merlo azul
Mirlo / Turdus merula / Merlo
Ruiseñor bastardo / Cettia cetti / Reiseñor da auga - reiseñor bravo
Herrerillo / Parus caeruleus / Monxiña (galego local) - ferreiriño azul
Carbonero / Parus major / Ferreiro abelleiro - ferreiriño real
Oropéndola / Oriolus oriolus / Ouriolo
Alcaudón real / Lanius meridionalis / Picanzo real
Alcaudón / Lanius senator / Picanzo cabecirrubio
Rabilargo / Cyanopica cyanus / Pega azul
Urraca / Pica pica / Pega
Cuervo / Corvus corax / Corvo grande
Estornino negro / Sturnus unicolor / Estorniño negro
Gorrión / Passer domesticus / Pardal
Jilguero / Carduelis carduelis / Xílgaro
Triguero / Emberiza calandra / Trigueiro - trigueirón

Imágenes y texto bajo licencia Creative Commons
Enrique Sampedro Miranda

martes, 26 de marzo de 2013

Buscando lobos en la Sierra de la Culebra

Este pasado fin de semana tocaba viajar a la Sierra de la Culebra, dentro del programa de actividades de la Asociación de naturaleza y senderismo Elefante Rocoso. El objetivo principal del viaje era poder observar al lobo ibérico, una de las joyas de nuestra fauna salvaje, pero también realizar varias rutas de senderismo por la zona y conocer esta agreste comarca zamorana. Y precisamente fue una ruta de senderismo lo primero que hicimos, el sábado por la mañana. Partiendo del pueblo de Villanueva de Valrojo, realizamos una caminata circular que nos llevó por los campos y bosques cercanos. Como se puede ver en esta foto, el agua abundaba, al igual que en muchos otros parajes peninsulares debido al lluvioso invierno que estamos teniendo.


Pronto vimos nuestra primera especie interesante del fin de semana, este ejemplar de águila culebrera (Circaetus gallicus), de regreso tras pasar el invierno en África.


La ruta transcurría entre campos de vegetación arbustiva y pequeñas manchas boscosas, fundamentalmente de roble melojo (Quercus pyrenaica).



En cuanto a las aves observadas durante la ruta, además del águila culebrera, caben destacar otras como cigüeña (Ciconia ciconia), milano real (Milvus milvus), tarabilla (Saxicola torquatus), carbonero (Parus major), arrendajo (Garrulus glandarius), camachuelo (Pyrrhula pyrrhula) o varios ejemplares de piquituerto (Loxia curvirostra), como este macho.


Otro aspecto interesante de la ruta era la presencia de los corralones, construcciones típicas de la zona que sirven para guardar el ganado y protegerlo de los lobos. Alguno estaba aún en buenas condiciones y apto para el uso, mientras que otros estaban en completo abandono, dando muestra de que la actividad pastoril ha ido cayendo con el paso de los años.



Y hablando del lobo, en esta zona, que posteriormente nos confirmaron que solía frecuentar el lobo, encontramos estas huellas, que perfectamente podrían ser del emblemático Canis lupus signatus. Aunque tampoco lo podemos asegurar al cien por cien, ya que pueden ser muy similares a las de determinados perros. Pero por la lejanía del núcleo de población, y haber visto también muchas huellas de animales salvajes, creemos que podrían ser de lobo.


Al finalizar la ruta, y tras regresar a la casa rural en la que nos alojábamos, quedamos con nuestro guía local para hacer la primera de las esperas para intentar observar lobo. Para ello nos dejamos llevar por el guía a uno de los oteaderos de la zona desde los que se puede ver al cánido, y nos dispusimos a esperar pacientemente el atardecer, prismáticos y telescopios en ristre.




Tras un rato, y aún con mucha luz, observamos a los primeros ciervos del fin de semana, varios machos con una hermosa cornamenta.



Pero la tarde iba cayendo, y el rey del bosque seguía sin aparecer. A pesar de saber previamente que su observación es muy difícil, y que es cuestión de suerte, no nos resistíamos, y estuvimos aguardando hasta que la noche se nos echó encima. La luna salió, pero el enigmático animal no hizo acto de presencia, o al menos nosotros no los conseguimos ver.



Tras este primer intento, a la mañana siguiente, nos levantamos muy temprano, antes del amanecer, para hacer una segunda espera en otro de los puntos que hay por la zona y que son apropiados para observar lobo. Fuimos los más madrugadores y los primeros en llegar, pero pronto se nos unieron otros aficionados en la búsqueda del mismo objetivo. En torno a una docena de personas estábamos allí con la esperanza puesta en que alguno de los demás soltase la deseada frase: "¡El lobo!". Pero para nuestra desilusión, esto nunca se produjo, y tras otra fallida espera, abandonamos el lugar para hacer la segunda ruta de senderismo que teníamos planificada.

Foto: Pilar García García

La ruta del domingo la hicimos desde el pueblo de Villardeciervos hasta el embalse de Valparaíso. El día estaba un poco más gris y en algunos momentos nos acompañó la llovizna. Pero esto no nos impidió disfrutar de las hermosas vistas del embalse, así como de la naturaleza del camino.  



La ruta, circular, finalizaba de nuevo en Villardeciervos, en donde conocimos las dos fuentes del pueblo, la del Caño Grande y la del Caño Pequeño, probando ambas aguas como mandaba la guía, para averiguar en primera persona si las aguas de cada una tenían cierta diferencia de sabor, como parece ser que aseguran los vecinos de la zona. Los que las probamos, no descubrimos esa diferencia, aunque seguramente será por nuestro bruto paladar...


Lo que sí supimos apreciar fue la belleza del entorno, la constante presencia de vida que nos acompañaba, así como las bonitas calles empedradas y casas solariegas del hermoso pueblo de Villardeciervos. Allí, pudimos contemplar uno de esos viejos oficios en desuso, el de campanero, que subido en el campanario del pueblo hacía repicar las campanas como queriendo recibirnos.

Petirrojo

Fuente del Caño Grande y Villardeciervos al fondo


Campanario y campanero

Para finalizar, la clásica foto de grupo, en este caso más bien de "grupo reducido", ya que fuimos únicamente 5 personas los que nos apuntamos a este viaje de la Asociación Elefante Rocoso. Aunque sobra decir que con buena compañía y en un lugar tan especial como la Sierra de la Culebra, no necesitábamos ser mas.

De arriba a abajo y de izquierda a derecha: Luis, Antonia, Pili, Quique e Ilde.



Imágenes y texto bajo licencia Creative Commons
Enrique Sampedro Miranda

lunes, 28 de enero de 2013

Ascensión invernal a La Cebosa (2.048 m.)

El sábado, varios miembros de la asociación de montaña, senderismo y medio ambiente Elefante Rocoso, hicimos la ascensión a La Cebosa, en la Sierra de Ayllón (Guadalajara). Inicialmente la idea era alcanzar el Pico del Lobo, pero la enorme cantidad de nieve ya nos hizo ver desde el principio que tendríamos que cambiar de objetivo.





Saliendo de Montejo de la Sierra (Madrid), nos dirigimos en dirección a Peñalba de la Sierra (Guadalajara). Unos kilómetros antes de llegar a Peñalba, en el último pequeño puerto que hay antes del pueblo, dejamos los coches para comenzar a caminar. Partimos desde una altitud de unos 1.514 m., para llegar a los 2.048 de La Cebosa, es decir algo más de 500 m. de desnivel, en unos 6 kilometros de distancia entre ambos lugares. Por medio, siguiendo la cuerda que une ambos puntos, fuimos pasando paulatinamente por las distintas cumbres que van formando la cadena: Cabeza Antón (1.558 m.), Cerro Peñalba (1.558 m.), Morra del Segoviano (1.752  m.), Cabeza la Zarza (1.787 m.) y La Cebosa (2.048 m.). El regreso fue por el mismo camino, por lo que la ruta fue de unos 12 km. Aunque la longitud engaña, puesto que la dureza no fue la distancia, sino el desnivel y sobre todo, la nieve.






La Sierra de Ayllón es uno de nuestros lugares preferidos para hacer senderismo y montaña, ya que sin estar demasiado lejos de Madrid, su acceso es bastante más complicado que, por ejemplo, ir a la Sierra de Guadarrama. Esto hace que sea un lugar mucho más solitario, y en el que se puede disfrutar de la montaña de forma más tranquila. De hecho, durante toda la ruta fuimos completamente solos por estas cumbres, encontrándonos únicamente con dos personas cuando ya estábamos de vuelta. Pero precisamente esta soledad hizo también más complicada la ascensión, ya que tuvimos que ir toda la parte final de la ruta abriendo huella, con algunas zonas en las que ésta llegaba casi al metro de altura. Pero la aventura es la aventura, y desde luego disfrutamos a tope de la nieve y la montaña.

Perspectiva de la ruta casi al principio, con el Pico del Lobo al fondo, entre las nubes.


Dani y Ricardo sorteando las primeras placas de hielo

Entrando en la zona nevada



El coordinador de esta salida fue el amigo José Luís, quien como experto conocedor de la zona, nos llevó siempre por el camino apropiado hasta alcanzar la cumbre. Cosa que no era sencilla, sobre todo al final, donde como decía, la gran cantidad de nieve acumulada, que en algunos puntos estaba algo helada, le ponía emoción a la subida. Porque además de la dificultad en sí de caminar hundiéndose en la nieve, está la de no ver el camino ni el lugar por el que se va.

Subiendo la Morra del Segoviano, la parte más dura de la ruta

La nieve nos cubría hasta las rodillas en esta zona cuando se hundía bajo nuestro peso




No quiero extenderme relatando los detalles de la ruta, sino que paso directamente a colgar las fotos.  El día acompañó, aunque el fuerte viento sí se hizo notar, y las fotos de los paisajes nevados en contraste con los cielos azules son la mejor crónica que se puede hacer. Así que dejo que las fotos hablen por mí.





Punto de reagrupamiento antes del tramo final de subida a La Cebosa

Manolo con sus raquetas y el coordinador José Luis, al más puro estilo alpinista


Subiendo a la cima de La Cebosa

El tramo se las traía...

Servidor, en la cumbre. Al fondo, el Pico del Lobo.

Pequeño descanso disfrutando de las vistas y un pequeño tentenpié.


El fotógrafo fotografiado. La foto me la sacó Manolo (Manuel Zurita).

Comiendo en "mesas" separadas, al refugio del fortísimo viento. Foto: Manuel Zurita.

El peor tramo. En la bajada, en este tramo nos metimos en una zona en la que nos hundíamos hasta la cintura en algunos puntos. Foto: Manuel Zurita.


























Foto de grupo. De izquierda a derecha: Dani, José Luis, Ilde, Pilar, Ricardo, Quique y Manolo. Falta Míguel, que sacaba la foto, y Ángel, que estaba más abajo. Foto: Miguel Ángel Granado.



Imágenes y texto bajo licencia Creative Commons
Enrique Sampedro Miranda