Durante un paseo por Getafe grabé esta chicharra posada sobre el tronco de un árbol. Permanecía completamente inmóvil, confiando en el excelente camuflaje que le proporciona su coloración para pasar desapercibida entre las grietas de la corteza. Solo al acercarse con detenimiento resultaba fácil distinguir su silueta.
El verano es la época en la que estos insectos alcanzan su mayor actividad. Su característico canto, producido únicamente por los machos mediante unos órganos especializados situados en el abdomen, constituye uno de los sonidos más representativos de los días más calurosos del año. En muchas ocasiones se escucha con claridad desde la distancia, aunque localizar al ejemplar que lo emite suele requerir algo de paciencia.
La grabación permite apreciar algunos detalles de la chicharra, como la disposición de las alas transparentes, los grandes ojos compuestos y el robusto cuerpo adaptado a una vida que transcurre, en su fase adulta, principalmente entre la vegetación. Antes de alcanzar este estado, las ninfas pasan varios años bajo tierra alimentándose de la savia de las raíces, un largo ciclo que contrasta con la relativamente corta vida de los adultos.
Aunque suelen pasar desapercibidas para la mayoría de las personas, las chicharras forman parte habitual de la fauna de numerosos parques, jardines y áreas arboladas de la península ibérica. Su presencia y, sobre todo, su inconfundible canto anuncian cada año la llegada de las jornadas más cálidas del verano, convirtiéndose en uno de los sonidos más característicos de esta estación.
Saludos y hasta la próxima.
Imágenes y texto bajo licencia Creative Commons
Enrique Sampedro Miranda
Blog Ría de Ribadeo: www.riaderibadeo.com
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